Desde los primeros años del Fundo La Pampita — y las fotografías de 2013 lo registran — las vacas lecheras y las gallinas han sido parte del paisaje cotidiano. No como proyecto productivo a gran escala, sino como algo que pertenece naturalmente a la vida en el campo patagónico. Han estado ahí mientras el Fundo crecía, mientras se plantaban las primeras cortinas cortaviento, mientras se instalaban las colmenas y se organizaba la producción de Productos La Baguala. Siempre en el fondo del potrero, siempre parte del ritmo diario.
Los animales del Fundo La Pampita, presentes en la vida cotidiana de la familia.
La leche no va a ningún lado lejano: se transforma en la misma cocina del Fundo. Ricota, lavin, postres de leche, yogurt hecho en casa. Los huevos de las gallinas que andan sueltas por el predio llegan frescos directamente a la mesa. Es una cadena corta y concreta — el animal, la mano que lo cuida y la cocina donde todo se transforma —, sin intermediarios ni distancia. Una pequeña producción que alcanza para la familia y que mantiene vivo el hábito de saber de dónde viene lo que se come.
Vacas lecheras y ganadería en el Fundo La Pampita, 2013.
Mantener animales en el campo es una tradición que se aprende haciendo y se pasa de generación en generación. Los huevos del día, la leche de la mañana, el yogurt que se prepara en casa — son cosas pequeñas que dan forma a una manera de vivir. El Fundo La Pampita ha crecido con un sistema que integra animales, praderas y bosque nativo, todo planificado para producir con sentido en la Patagonia. En el Fundo La Pampita seguimos creyendo que vale la pena sostener esa manera de vivir.
El Fundo La Pampita a través de los años: cortinas de pino y coigüe, praderas y ganado.
El sistema productivo del Fundo La Pampita, donde conviven praderas, bosque y ganadería.