El Fundo La Pampita no llegó a ser lo que es de un día para otro. Hay décadas de trabajo acumulado en cada rincón del predio: en los cercos, en los galpones, en las hileras de árboles que hoy dan sombra y abrigo donde antes había campo abierto expuesto al viento de la Patagonia chilena. Mirar las fotos de los inicios es entender de dónde viene todo lo que se ve hoy cuando se recorre Fundo La Pampita en Manihuales, Región de Aysén.
Los primeros años fueron los de la infraestructura básica: los galpones para resguardar animales y maquinaria, los primeros cierres de potreros, las primeras hileras de pinos y coigües plantados como cortinas cortaviento. Era un predio que todavía tenía mucho campo abierto y pocas estructuras. El trabajo era físico y constante, guiado por el conocimiento del territorio y por la convicción de que la Patagonia se trabaja con paciencia, no con urgencia.
El Fundo La Pampita en sus primeros años · 2013–2014
Imágenes del Fundo La Pampita entre 2013 y 2014 — el punto de partida del sistema agrosilvopastoril que existe hoy.
Las vistas desde el cerro que domina el fundo muestran algo que desde tierra no se percibe con la misma claridad: la escala del proyecto. Los potreros divididos por cercos, las primeras cortinas marcando los bordes del predio, la casa roja que sigue siendo el centro de la vida familiar en La Pampita. Y en la panorámica más amplia, la laguna al fondo y el notro con sus flores rojas: el paisaje de Aysén que rodea el fundo en todas sus direcciones.
Lo que esas fotos no muestran es el tiempo que tomó llegar ahí. Cada cerco, cada árbol plantado, cada metro cuadrado de galpón representa una decisión tomada en condiciones de frío, lluvia o viento patagónico. La familia Schwenkegaray lleva generaciones aprendiendo a trabajar en este territorio y el Fundo La Pampita es el resultado más visible de ese aprendizaje acumulado. Si quieres conocerlo de cerca, puedes escribirnos para coordinar una visita. Estamos en Manihuales, a 65 km al norte de Coyhaique por la Carretera Austral.